Cuando viajamos buscamos descubrir cosas nuevas, salir de nuestra normalidad y vivir lugares y experiencias diferentes. No es lo mismo pasar por una ciudad para visitar sus lugares más conocidos que detenerse a recorrer sus calles, descubrir aquello que forma parte de su vida cotidiana y entender qué hay detrás de lo que estamos viendo. Conocer un destino implica prestar atención a su gente, sus costumbres y todo aquello que lo hace diferente.
En Castellón, esa forma de viajar puede llevarte a pasear por pueblos con siglos de historia, acercarte a sus tradiciones, sentarte a probar una paella o recorrer alguno de sus parajes naturales. También a detenerte ante un paisaje, hablar con quienes viven allí o entrar en un pequeño comercio y descubrir qué y quién hay detrás. Son formas de vivir un territorio que van un paso más allá de los lugares que aparecen en cualquier guía turística.
Esto también supone respetar el lugar que estamos visitando. Sus calles, sus plazas, sus paisajes y sus costumbres no son únicamente curiosidades para quienes llegan de fuera. Son espacios donde otras personas viven, trabajan y construyen su día a día. Y viajar de forma responsable significa poder disfrutar de todo ello sin alterar la manera en la que el territorio y sus habitantes lo viven.
Conocer Castellón desde dentro
Conocer desde dentro un destino implica interesarse por su gente, sus costumbres y todo aquello que lo hace diferente. Sus fiestas, sus tradiciones, su gastronomía, los productos que se cultivan o se pescan en la zona y los pequeños comercios cuentan tanto sobre un territorio como sus monumentos o sus paisajes, aunque sean lugares que suelen recibir menos visitantes.
En Castellón, probar una paella, acercarse a un mercadillo, conocer las fiestas de sus pueblos o sentarse en una terraza a tomar una tapa y una bebida refrescante son maneras de vivir la provincia desde dentro, como un local más.

Si hablamos de la gastronomía, por ejemplo, esta está ligada a los productos que ofrece el territorio y al trabajo de agricultores, pescadores y otros productores que hacen posible que lleguen hasta nuestras mesas.
Lo mismo pasa cuando elegimos comprar en un comercio local. Apostar por estos negocios significa contribuir a la economía de los municipios y ayudar a que esas actividades continúen formando parte de la vida cotidiana de sus calles.
Acercarse a la cultura y consumir productos y servicios locales también es una forma de respetar y cuidar el lugar que visitamos. No solo descubrimos aquello que lo hace diferente, sino que contribuimos a que pueda seguir formando parte de la vida de sus pueblos y ciudades.
Viajar sin saturar el territorio
Viajar de forma responsable también tiene que ver con tener en cuenta la cantidad de personas que recibe un destino y cómo esa llegada afecta a quienes viven en él. Cuando un lugar concentra grandes cantidades de visitantes al mismo tiempo, sus calles, transportes y espacios públicos pueden llegar a saturarse, pero las consecuencias pueden ir más allá. Con el tiempo, el turismo puede terminar condicionando la forma en la que se desarrolla una ciudad o un pueblo, haciendo que sus espacios y servicios respondan cada vez más a quienes están de paso que a quienes viven allí.
Ante esa imagen de destinos donde las calles llegan a estar ocupadas casi por completo por turistas, los grupos reducidos permiten una relación diferente con el territorio. Son más fáciles de gestionar, se desplazan con mayor facilidad y generan una menor presión sobre los espacios que visitan. También hacen que la experiencia sea diferente para quien viaja. Recorrer un pueblo sin aglomeraciones o visitar un lugar emblemático sin encontrarse rodeado de cientos de personas permite mirar con más calma y prestar atención a lo que ocurre alrededor.


Esta forma de entender el turismo es también la que está detrás de la apuesta de PortCastelló por un modelo de cruceros menos masificado y más conectado con el territorio. La idea es que quienes llegan por mar puedan acercarse a Castellón de una forma más cercana, entrando en contacto con su cultura, su gastronomía, su patrimonio y sus espacios naturales.
También hablamos de sostenibilidad cuando se piensa en ese equilibrio entre recibir visitantes y conservar la vida cotidiana de los lugares que los reciben. Un destino no debería dejar de ser un lugar para sus habitantes para convertirse únicamente en un lugar que visitar. La mejor experiencia turística no tiene por qué ser la que reúne a más personas, sino la que permite recorrer el territorio sin desplazar la vida que ya existe en él.
PortCastelló y su apuesta por el turismo responsable
En los últimos años, PortCastelló ha orientado su estrategia de cruceros hacia visitantes que buscan experiencias auténticas y menos masificadas, poniendo el foco en aquello que forma parte de Castellón: su cultura, su gastronomía, su patrimonio y sus espacios naturales.

La idea es que el viaje no termine al bajar del barco. A través de la colaboración con empresas y profesionales del territorio, el puerto busca conectar cada escala con la oferta turística de Castellón y generar oportunidades para quienes trabajan aquí. Conocer el destino también puede significar comer en un restaurante local, acercarse a sus pueblos, aprender sobre su patrimonio o descubrir productos y negocios de la provincia. La actividad promocional de la Fundación incluye además acciones destinadas a generar sinergias y oportunidades de visibilidad para empresas locales.
Esta preocupación por hacer compatible la llegada de visitantes con el cuidado del entorno también está presente en su actividad diaria. El puerto trabaja en cuestiones como la reducción de su huella de carbono, la eficiencia energética, el uso de energías alternativas y el cuidado de la calidad del aire y del agua, buscando que su actividad tenga cada vez un menor impacto sobre el entorno. En 2025, además, continuó trabajando en su Plan de Transición Energética, que incluye el diagnóstico energético, el cálculo de la huella de carbono y el estudio de energías alternativas.

Para que esa conexión con el destino sea real, la Fundación también acerca Castellón a quienes trabajan en el sector turístico. Durante 2025 organizó viajes de familiarización para operadores turísticos, navieras y otros profesionales, que pudieron conocer de primera mano el destino, su oferta y la experiencia que puede vivir un pasajero durante su escala.
Castellón como destino, no solo como escala
Llegar a Castellón por mar puede ser el comienzo de una forma diferente de recorrer la provincia. Un paseo por el Grao, un baño en alguna de sus playas o unas horas entre la naturaleza son experiencias que conectan al visitante con el lugar que acaba de pisar. La idea es que llegar por mar no signifique simplemente hacer una escala, sino empezar a descubrir Castellón. Es la mirada que busca impulsar PortCastelló, con un turismo de cruceros más vinculado a Castellón y su entorno y menos centrado en pasar de largo.


