Cuando pensamos en Burriana, es fácil que la primera imagen sea la del mar, la playa y ese ambiente de verano que llena la ciudad durante los meses de más calor. Y sí, esa también es Burriana. Pero solo hace falta recorrerla un poco más para encontrarte con otras costumbres, otros paisajes y otras formas de vivirla que también merecen la pena conocer.

Los sabores de Burriana
Una de las formas de acercarse a Burriana es hacerlo a través de su gastronomía. La ciudad ha crecido entre el campo y el mar, y esa relación también está presente en su cocina. La naranja, los arroces, el pescado y los productos de la huerta forman parte de una cocina que va de la mano del calendario, ya sea con los productos que trae cada temporada o con las fiestas, que también tienen sus propios platos y dulces, como la olla y els rollets de Sant Blai o les virutes que acompañan a las Fallas.
La naranja ocupa un lugar importante en esa gastronomía y en la identidad de Burriana. El Centro de Interpretación Citrícola Naturem, el primero de España y Europa dedicado a esta temática, permite acercarse a este producto desde distintos ángulos. La visita comienza entre los campos de naranjos, donde puedes conocer su cultivo y recoger tus propias naranjas, y continúa con el Museo de la Naranja, el insectario y las catas y degustaciones de diferentes variedades y productos derivados de los cítricos. Aquí empiezas a fijarte en cosas que normalmente pasan desapercibidas: el sabor, el zumo, las diferencias entre unas y otras o ese olor fresco que se queda en las manos después de tocar el árbol.



Todo ese recorrido termina con una imagen que forma parte del imaginario de muchas familias locales: una paella al aire libre, varias personas alrededor de la mesa, conversación y risas y, sobre todo, tiempo para disfrutar sin mirar el reloj. Porque si hay una escena que también forma parte de nuestra manera de vivir la gastronomía es esa, la de cocinar, sentarse a comer y alargar el momento alrededor de la mesa. Naturem propone precisamente esa experiencia, desde los campos de naranjos hasta la mesa, pasando por todo lo que hay entre ambos.
Descubrir Burriana entre árboles
Pero para conocer Burriana no todo pasa alrededor de una mesa, también hay que salir a recorrerla para vivirla de primera mano. Si la Burriana costera y turística es la que probablemente viene primero a la cabeza, hay otra que aparece cuando te adentras en lugares como el Clot de la Mare de Déu. A pocos minutos de la playa, el paisaje se llena de árboles, senderos y agua, y la ciudad queda prácticamente escondida detrás de la vegetación.
Pasear por el Clot, recorrerlo en bicicleta o incluso subir a una barca para recorrer el río tiene algo que te obliga a parar y apreciar lo que ves, una imagen que cuesta creer que se encuentre tan cerca de una ciudad con tanta vida.



La vegetación es tan abundante que por momentos dejas de ver lo que hay al otro lado de los árboles. Parece que te hayas adentrado en un paisaje casi irreal. Es una Burriana diferente a la que solemos imaginar, pero está ahí, a solo unos pasos del mar y la ciudad.
La Burriana que se celebra
Y si el Clot muestra una Burriana tranquila y silenciosa, la ciudad que aparece cuando llegan las fiestas es muy distinta. Aquí, el silencio entre los árboles deja paso a la música, la pólvora y el movimiento de las calles.
Burriana tiene un calendario festivo que va llenando la ciudad de celebraciones a lo largo del año. Sant Blai, las fiestas de la Misericòrdia, las Fallas o l’Aplec de Gegants i Cabuts, forman parte de unas tradiciones que se viven de maneras muy distintas. Pero todas ellas tienen algo en común, llevan la fiesta a las calles y reúnen a miles de vecinos y visitantes.


Entre todas ellas, las Fallas son una de las fiestas más valoradas por los burrianenses. Los espectaculares monumentos aparecen en las calles, la música se escucha en cada rincón, la pólvora se hace notar y las falleras toman protagonismo. Pero lo que se ve durante esos días empieza a prepararse muchos meses antes. Artistas, falleros, modistas y muchas otras personas trabajan durante todo el año para que, cuando llegue marzo, todo vuelva a estar listo.



El Museo Fallero permite acercarse a esa parte que no siempre se ve durante las fiestas. Los llibrets, la indumentaria, los carteles, las insignias o los ninots cuentan todo lo que existe alrededor de la fiesta y cómo se ha ido construyendo con el paso del tiempo. Una fiesta que sigue manteniendo la esencia y tradiciones como el primer momento. La Plantà, la cremà, les mascletaes o los queridos e imponentes Gegants i Cabuts.
Para quien llega de fuera, recorrer Burriana durante sus fiestas es encontrarse con una ciudad llena de música, color y gente. Para quienes las viven desde dentro, son meses de espera, trabajo, ilusión y emoción por disfrutar de sus fiestas tradicionales.





